Con visión, trabajo en familia y perseverancia, un emprendedor jalisciense construyó una de las marcas de dulces más reconocidas de México.
Mucho antes de que el Mazapán De la Rosa se convirtiera en un ícono de la confitería mexicana, Don Jesús Michel González era un comerciante que buscaba una mejor oportunidad para sacar adelante a su familia. Antes de dedicarse a los dulces, administró una panadería, una bonetería y una zapatería en San Marcos, Jalisco. Sin embargo, decidió mudarse a Guadalajara para ofrecer un mejor futuro y acceso a la educación a sus hijos.
En la década de 1940 fundó un pequeño negocio familiar de dulces que originalmente llevaba el nombre de Conitas. La producción era completamente artesanal y se realizaba con el apoyo de su esposa, Elvira Velasco Rolón, y de sus hijos. Entre los primeros productos elaboraban caramelos, grageas y paletas, hasta que decidieron desarrollar una versión mexicana del tradicional mazapán español utilizando cacahuate en lugar de almendra, lo que reducía significativamente los costos de producción.
El éxito del producto llegó acompañado de una curiosa historia de mercadotecnia. Debido a un requisito para registrar la marca, Don Jesús colocó una rosa roja como logotipo en los empaques. Con el tiempo, los consumidores comenzaron a pedir en las tiendas "el mazapán de la rosa", identificándolo por el dibujo y no por el nombre original de la empresa. Al notar esta tendencia, Michel decidió registrar oficialmente la marca De la Rosa, nombre que permanece hasta nuestros días.
Lo que comenzó como un pequeño taller familiar terminó convirtiéndose en una de las empresas dulceras más importantes de México. Actualmente, Dulces de la Rosa exporta sus productos a decenas de países y el mazapán continúa siendo su producto insignia, presente en millones de hogares dentro y fuera del país.
Más allá del éxito comercial, la historia de Don Jesús Michel González demuestra que las grandes empresas suelen nacer de necesidades cotidianas, una visión clara y la capacidad de adaptarse al mercado. La empresa ha mantenido un fuerte arraigo familiar y sigue siendo un referente de la industria mexicana de confitería.
